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El blog y yo estamos de vacaciones

La editora de este maravilloso blog no publica en fin de semana, ni visita, ni responde; descansa y deja descansar.

4 de marzo de 2026

De memoria…

 

Nos la sabemos de carrerilla

 

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

Pero aquellas que el  vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres…
¡esas… no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.

Pero aquellas, cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día…
¡esas… no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido…; desengáñate,
¡así… no te querrán!

Gustavo Adolfo Bécquer

21 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Vemos un brote de flor en un árbol y soñamos con la primavera.

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  2. Que bello este poema de Bécquer.
    Feliz miércoles.
    Un abrazo Ester

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    1. Nos adelanta la primavera... que ya no queda lejos. Un abrazo enorme

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  3. Hay ganas de primavera.
    Un abrazo.

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  4. Gracias por el recuerdo. Un beso

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    1. Esta poesía siempre es un buen recuerdo. Abrazos

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  5. Sin duda es uno de los poemas más conocidos y reconocidos que tenemos en nuestra memoria ¡precioso! gracias por traerlo a la actualidad.
    Muchos besos.

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  6. Tal cual... siempre, Bécquer. Gracias por traerlo a mi memoria. Besos

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  7. Sé que esta poesía que os comparto no viene a cuento (como se suele decir), pero no he podido evitar al leer “nos la sabemos de carrerilla”, volver a escuchar a mi madre, en pie y emocionada en muchas de nuestras reuniones familiares, con noventa años, recitar esta poesía de Eusebio Blasco, absolutamente de memoria y siempre con lágrimas en sus ojos, como en todos los nuestros, y como en los míos en este momento…

    Con tu permiso, mi querida Ester, aquí os dejo el grandísimo poema, y este sentimiento mío que hoy dejo posado en tu casa, cinco meses después de su partida, sintiéndola a ella como esa primavera que nos llega, dulce y eterna, en lo más profundo de mi ser.
    (Abro hilo por su extensión)

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    1. Un duro al año

      I

      “Monte arriba, cara al viento,
      buscando reposo y calma,
      íbame yo muy contento,
      dándole descanso al alma,

      y cuando al alto llegué,
      y al dar la vuelta a la cima
      un rebaño me encontré
      que se me venía encima.

      Avanzaban las ovejas
      marchando al paso tranquilas,
      y pasaban las parejas
      al sonar de las esquilas:
      y a los últimos reflejos
      de los rayos vespertinos
      las vi perderse a lo lejos
      por los ásperos caminos.

      Detrás de ellas, lentamente,
      dando al aire una canción
      y sacando indiferente
      su mendrugo del zurrón,

      venía un pastor, un niño,
      un imberbe zagalejo,
      que me inspiró ese cariño
      que es tan súbito en un viejo.

      —¡Hola! ¿eres el pastor?
      —Sí señor, ¿qué se le ofrece?
      —¿Tienes padres? —No señor.
      —¿Cuántos años tienes? —Trece.

      –¿Y cuánto ganas, amigo?
      —Un duro. —¿Al día? ¡anda maño!
      —¿Un duro al mes?
      —¡Que no, digo!
      —¡Un duro al año!

      II

      Le dejé que se marchara
      y en el monte me senté,
      y avergonzado, la cara
      en las manos oculté.
      Pasaron por mi memoria
      templos, palacios y reyes,
      los aplausos y las glorias,
      los discursos y las leyes,

      los millones del banquero,
      las fiestas del potentado,
      réditos del usurero,
      ladrones en despoblado,

      fortunas mal heredadas
      en el tapete perdidas,
      cortesanas celebradas
      de ricas galas prendidas,

      los que de lujo se afanan,
      tantas glorias, tanto daño...
      y en tanto hay seres que
      ganan...
      ¡Un duro al año!

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    2. III

      ¡Un duro! ¡Oh Dios!
      ¡Cuántas veces
      lo habré derrochado yo,
      en miles de pequeñeces
      que mi gusto me perdió!

      en comer y no tener ganas,
      en caprichos, en favores,
      en vanidades humanas,
      en guantes, coches y flores,

      en un rato de placer,
      en un litro sin valor,
      en apostar, en beber,
      en humo, en un buen olor...

      Y ese duro que se olvida
      en cuanto correr se deja,
      era un año de la vida
      de aquel niño que se aleja...

      Y vi que somos peores
      todos los seres humanos.
      Unos, falsos soñadores;
      otros, falsos puritanos

      todos en el daño iguales;
      ante las llagas sociales;
      y hay seres que, en esa
      edad
      que ignoran su propio
      engaño
      deben a la humanidad...
      ¡Un duro al año!

      IV

      ¡No! Mientras el frío enero,
      en una espantosa noche,
      mi prójimo, por dinero,
      me lleve a mi casa en coche;
      mientras de la mina obscura
      saque el carbón tanta gente,
      pasando tanta amargura
      para que yo me caliente;

      mientras de la alegre fiesta
      salga yo, que siento y creo,
      y al pobre que me moleste
      le mande airado a paseo;

      mientras derroche la moda,
      y se gasten, grande o chico,
      mil duros en una boda.
      Mil en entierros del rico,

      y hasta el sol desigual sea
      que me sirvan de lacayos
      ni creo en leyes humanas
      ni en el que las bombas tira...
      ¡Palabras! Palabras vanas.
      ¡Mentira, todo mentira!

      No hay a las penas consuelos;
      ¡sufrir y siempre sufrir!
      ¡El Cristo se fue a los cielos,
      pero volverá a venir!

      Y ha de subir a mil codos
      más alto el nuevo diluvio,
      y en él moriremos todos;
      y más alto que el Vesubio
      nos ha de ver impasible
      ese niño, ese pastor,
      ya convertido en terrible
      ángel exterminador,

      y entre torrentes de lava
      gritará de su alto escaño:
      —Yo soy aquel que ganaba
      ¡Un duro al año!

      V

      Así a mis solas decía,
      sólo, en la cumbre del monte,
      mientras el sol se escondía
      en el rojizo horizonte,

      en la sombra se ocultaban
      lentamente las aldeas,
      y allá lejos humeaban
      las fabriles chimeneas,

      entre el ruido y movimiento
      de las modernas ciudades,
      resumen triste y cruento
      de las necias vanidades...

      Y allá, perdido en la plana,
      cantando, tras su rebaño,
      iba aquel niño que gana
      ¡Un duro al año!”

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    3. Perdón por la extensión, y gracias por traer a Bécquer y a sus hermosas y oscuras golondrinas que, tantas veces, seguro, volaron a ras de nuestra vida.

      Abrazos y cariños 🌿🪻🍀🤗💙

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    4. Eusebio Blasco Soler
      (Escritor, periodista, poeta y dramaturgo español)

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  8. Un aplauso , Ginebra y un fuerte abrazo, gracias por este poema donde las letras se unen al sentimiento.🌹😘😘😘

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  9. Buenos días,Ester, hoy el sentimiento fluye y esas golondrinas sean bienvenidas.
    Más 😘😘😘 feliz resto de miércoles.

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  10. Ya se están viendo las primeras golondrinas anunciando la primavera y es imposible no recordar a Bécquer al verlas.
    Besitos

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  11. Anuncian la primavera y bienvenidas sean. Un abrazo

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  12. Hoy tuvimos a Becquer y además a un poeta que no conocía gracias a Ginebra, la poesía hoy reina en el blog, un abrazo Ester!

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