En una charla contó
que todos sus esfuerzos eran para dirigir el estudio para entender a los niños.
Para entenderles a ellos, no para que me entendieran a mí.
Despertó mi atención y le he seguido de vez en cuando menos de lo razonable y bueno para mí. Sus charlas siempre educadas y amenas dejan el interés sembrado para la próxima, os cuento algo cortito:
Una maestra le preguntó a una niña: “¿Sabes leer?” Y la niña le dijo: Leer no sabo. - ¿Y escribir? - Escribir, sí. Entonces la maestra le dijo: A ver, escribe algo, y la niña hizo un garabato ininteligible. La maestra, sorprendida, le dijo: ¿Qué pone ahí? - Y dice la niña: Si ya le he dicho que no sé leer.
Es imprescindible escuchar para educar.
Mas cortito todavía: Otra maestra pregunta a un niño: Si tienes tres caramelos, ¿te puedes comer cinco? –No, responde el pequeño. - ¿por qué? –porque vomito.
Su lógica es recordar
el consejo de mamá, y cuidar su salud, “si como muchos me pongo malito” pensar
en la resta no estaba en sus opciones


