Una
muestra, pero no la mas famosa:
Mira el mar infinito
Mira el mar infinito.
Sobre su pecho sale a navegar un navío
Que despliega sus velas, incluidas las de gavia.
Su pendón ondea en lo alto mientras aumenta
Su velocidad de manera majestuosa.
Debajo, las olas rivalizan,
Rodean al barco, apiñándose,
Con brillantes movimientos circulares y espuma.
Creo que podría ser su cómplice en aquello que puedo defender sus maneras. No es la primera vez que está en este blog, lo recordareis si os digo que es el autor de: ¡Oh, capitán! ¡Mi capitán! (El club de los poetas muertos)
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La libertad no puede consistir en hacer lo que a uno le venga en gana y que los demás aguanten. Si para ejercerla hay que ponerse por encima de alguien, ya hemos cambiado de palabra. En eso también me hago cómplice de Whitman. Y confieso que al leer ¡Oh, capitán! ¡Mi capitán! veo a Robin Williams y a aquellos alumnos subidos en las mesas.
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