Cuando viajo en tren, juego con las historias que
duermen detrás de las caras, veo a las gentes, miro sus modos y adivino sus
vidas, compongo la trama y escribo los capítulos de una novela, tan larga
como dura el viaje.
Últimamente cuando viajo en tren dedico mi tiempo a rezar

A mi me ocurre algo parecido sobre todo observando a las gentes en el Metro, aunque en los últimos años me despistan un poco, la gran mayoría van absortos mirando las pantallas de sus móviles.
ResponderEliminarUn abrazo.
Jajaja. Yo también hacía eso antes, ahora no me monto en el tren, así que no sé qué haré cuando lo haga
ResponderEliminarSeguramente también rezaré.
Lo acabas de una forma que quita las ganas. ;)
ResponderEliminarUn abrazo.
Igual que tú. Antes miraba. Ahora rezo. Un beso
ResponderEliminarRezamos con esas caras y con la nuestra según sea la vista.
ResponderEliminarFeliz jueves Ester.
Un abrazo