Nos ponemos los guantes y la bufanda, caminamos por la calle
acurrucados y en casa a pesar de la calefacción nos gusta la mantita y en la
mesa una sopa caliente, es el invierno. A mí me gusta y a estas alturas de mes
el belén ha vuelto a su baúl, los adornos a su caja, y todo dispuesto para la
reunión del domingo, porque las alegrías no se han suprimido… y hay que ir
dando fin a los dulces que sobraron.


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