Cuando se muere un amigo
la herida no se cierra
porque el alma sangra,
porque la rabia te niega
el consuelo del olvido
y el corazón se rebela
contra la triste amargura
de decir adiós por fuerza…
Cuando te arrancan de cuajo
con un zarpazo de fiera,
algo que tú con esmero
cuidas, mimas y conservas
como se cuida a un amigo
el amigo que ahora lloras,
al amigo que recuerdas…
no puedes estar callado;
quieres romper las cadenas
gritar al mundo y al culpable,
ni la rabia nos consuela;
lloras con ella que se queda sola
con el hijo que no lo acepta.
Entrará en el cielo
como en los cielos se entra;
con el porte majestuoso
y la mirada serena;
con paso firme y seguro,
y con la sonrisa abierta,
y las manos rebosantes
de todas sus obras buenas.
No hay perdón en mi corazón
Ni debe haber paz para el maldito

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