La historia cuenta de los aprendices del Sacromonte
encargados de soplar las ascuas con el fuelle, pero era complicado mantener la
temperatura necesaria, las piedras no se mantenían incandescentes y el forjado
no era perfecto. Así, se decía del aprendiz que tenía mala
follada (follá), porque no soplaba bien con el fuelle. El maestro herrero
le gritaba al aprendiz de manera enfadada: “Niño, lo estás haciendo mal,
que mala follá tienes.
Otra historia dice que, a finales del Reino Nazarí, había
hambre y ruina, los herreros adulteraron los metales y el metal no cogía calor
suficiente y las espadas salían de mala calidad, empezaron a llamarlas mal fuelladas…
y derivó en mala follá
José García Ladrón de Guevara publica, “Una suerte de mala
hostia que los granadinos repartimos sin ton ni son a todo aquel que nos
rodea y que, en ningún caso, denota mal carácter, ni mala educación,
ni animadversión en particular por el interlocutor. Tampoco denota
desinterés o apatía en el granaíno, como dicen algunos”.
En desagravio: No es que los granaínos tengamos malafollá,
sino que a ese momento de enfado lo llamamos malafollá.

Curiosa historia. No lo sabía. Un beso
ResponderEliminarAquí, siempre se aprende, gracias Ester.
ResponderEliminarNo sé a quién te refieres, intento imaginarlo, pero en todo caso, bien por él.
Un abrazo.